Daniel S. Reina
Acero Puro, puro tópico. La película ya la hemos visto
todos. No nos plantea nada nuevo, pero funciona como lo que es, un entretenimiento superficial e infantil
para estas navidades.
No se puede esperar otra cosa de un director, Shawn Levy,
que guarda en su filmografía películas como Doce en Casa (2003), La Pantera
Rosa (2006) o Noche en el museo (2006), películas de producción en serie, con
guiones simples y sin nada realmente bueno que aportar al cine. En este caso
nos encontramos ante un producto demasiado lineal, sin sorpresa alguna,
totalmente predecible de principio a fin. Hay innumerables tópicos, que ni
siquiera son tratados con la suficiente naturalidad como para parecer creíbles,
solo hay que mirar a los “malos” de la peli.
El film es excesivamente largo, hasta repetirse demasiado y
resultar cansino. La primera parte de la película es totalmente monótona, a
pesar de la exhibición incansable de todos sus efectos especiales. Estos, en la
primera mitad, son bastante prescindibles. Saturan la película, por lo que se
presenta demasiado estruendosa. Después de esta mitad, al espectador únicamente
le interesarán los efectos. Las peleas de robots son realmente un
espectáculo. La factura de la película
es impecable, todo el apartado técnico cumple y con creces. Consigue crear una
acción trepidante y especialmente atractiva, por lo que al final es lo único
salvable del conjunto.
El guión es pobre, con momentos realmente risibles, conversaciones
mal llevadas, excesivamente llanas y desarrolladas de forma primitiva. Por esto
no crea una empatía con el espectador, el dramatismo con el que se intenta
impregnar el producto queda pobre y superficial. La historia de un niño, perfecto y muy mono,
que consigue que su padre, un fracasado y peor padre, triunfe y sea mejor
persona, está demasiado manida. Crea una sensación de falsa moralina y una
artificial emotividad. El film está destinado a niños menores de 12 años, que
en lugar de fijarse en la historia entre el padre y su hijo, se quedarán con lo
espectacular y divertido que es “darse de ostias”.
Hugh Jackman no lo hace mal, está correcto y en su línea,
pero no aporta nada interesante a su personaje, está dentro del film para darle
tirón comercial, sin más. Dakota Goyo, interpreta al niño, un personaje que
tiene sus momentos divertidos pero cae cansino e insoportablemente pedante,
además la sobreactuación del actor no ayuda a que conectemos con él. El
personaje de Evangeline Lilly, no es mucho más que el de una mujer florero,
pero es, probablemente, la que mayor conexión logra con el espectador, da gusto
verla.
A pesar de todo, la película tiene todo lo necesario para
triunfar, la propuesta funciona igual que ha funcionado siempre e igual que funcionará
hasta que aburra. Y si no triunfa es
porque los niños menores de 12 años, preferirán ver “El Gato con Botas”, y los mayores “In
Time”.